sábado, 17 de mayo de 2008

EL TRIBUNAL DIJO “SI”


La sentencia del Alto Tribunal referida a la constitucionalidad del artículo 153.1, que agrava las penas en el supuesto de que el maltrato sea ejercido por un varón contra una mujer, significa el aval necesario para la que fue primera Ley de los gobiernos de Zapatero y el respaldo jurídico preciso frente a la oposición ejercida desde un grupo determinado de juzgados en toda España.

Se habían presentado 127 recursos contra este artículo, pero impulsados por apenas una docena de jueces y juezas de los más de ochocientos encargados en todo el país de los asuntos de violencia de género. Este hecho ya pone de manifiesto que en la mayoría de juzgados no habían encontrado dificultad alguna por aplicar una Ley pionera, tanto en su concepción integral como en sus propuestas normativas. Sólo un reducido número de profesionales habían mantenido una postura contraria a au aplicación, desde el inicio. Su posición debería ahora, tras la sentencia del Constitucional, cambiar.

Esgrimiendo que el texto legislativo introducía una discriminación y resumiendo su posición en la máxima: “se aplicarán penas diferentes a iguales delitos”, diferentes sectores, entre ellos este grupo de jueces, acusaron a la Ley Integral de inconstitucional, negando una vez más la existencia de un fenómeno único y específico, objeto de la Ley, la violencia de género, la ejercida por algunos hombres contra mujeres de su entorno familiar, afectivo, relacional..

Porque ha habido una resistencia larga a aceptar la existencia de este delito en particular, a identificarlo como un déficit de igualdad y a perseguirlo con medios diferenciados de otros delitos. Y sólo en el momento en que un Gobierno de España comprendió la idiosincrasia de este fenómeno, pudo entender la envergadura del problema y tratar de atacarlo con heramientas de suficiente potencia.

La violencia de género precisa de medidas educativas, que deben ponerse ya en marcha, como se recoge en el texto normativo, de medidas de prevención, de coordinación, de asistencia y de integración de las víctimas y sus familias.

La violencia de género precisa de una actitud firme y decidida de la sociedad, cercando a los maltratadores, evitando el silencio cómplice y poniendo voz a la denuncia que algunas víctimas ni siquiera son capaces de hacer. Pero sobre todo, la violencia de género necesita ser comprendida como lo que es, la manifestación más grave y extrema de relaciones de poder entre “desiguales”, la expresión más cruda del machismo, la formulación más dramática de la desigualdad entre hombres y mujeres.


Sólo entendiendo completamente su naturaleza, podremos vencerla. El Tribunal Constitucional así lo ha comprendido. Una gran noticia.

4 comentarios:

Alonso81 dijo...

Claro, hay que llegar a la raíz para poder quitar esa lacra que está anclada en la "tierra del sin sentido"...
La sociedad debe tratar el tema con seriedad

Lei hoy que el presidente de la audiencia de Barcelona se ha disculpado por un chiste de violencia machista...Leyendo el chiste me pareció, bajo mi humilde punto de vista, una Animalada hecha por ese hombre, pero al menos supo rectificar...

peter pan dijo...

En una vieja película de esas que ponen en "Cine de Barrio", un matón atizaba un tortazo a un amigo del personaje que representaba Tony Leblanc.
Éste acudía a defenderle, instando al matón a darle otro tortazo a su amigo, si tenía bemoles.
El matón ni corto ni perezoso le atizaba otro.
El defensor justiciero iba creciendo en su ira y volvía a desafiar al matón, que sin vacilar ni un instante, arreaba una tercera y sonora torta al amigo.
Finalmente, el valiente defensor, en tono mucho más comedido se dirige a su defendido: "será mejor que nos vayamos, que éste te va a acabar partiendo la cara".
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El estado, una vez más, saca pecho como el defensor justiciero de la película, pero por desgracia, el matón, seguirá siendo matón y ante él se arruga del mismo modo que el bueno de Tony Leblanc.
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Al animal de turno, que no duda en pegarse un tiro, tras asesinar a su ex-pareja, junto con su nuevo compañero, delante de su hijo, este tipo de medidas se la trae al pairo.
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Mientras mantengamos escrúpulos ante asuntos como la castración química para violadores, la tobillera con localizador para maltratadores y el cumplimiento íntegro de penas, estaremos vendiendo humo.
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Desde mi punto de vista no es una gran noticia, es la triste constatación de que el estado, al aprobar esa ley, ya cree haber cumplido con su deber.
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Seguiremos asistiendo al lento goteo de asesinatos y seguirá la política de gestos para la galería.

Andrés M. González Enríquez dijo...

Estimada Mar:

La ley integral contra la violencia de género es una ley necesaria sin duda, eso está fuera de toda discusión a mi juicio.

Ahora bien, ¿Cúales son las razones de su moméntanea falta de eficacia? ¿no es neccesario replantearse aspectos concretos y específicos en su desarrollo y puesta en práctica?

¿no es discutible realmente la diferencia de tificación del delito en función del actor de la misma? ¿por que no tolerancia cero para cualquier acto independientemente del actor y receptor?
¿que opinión os merece el informe "iceberg" presentado a la Comisión Mixta del Congreso- Senado en el 2001?

Si se me permite no me gustaría terminar sin dejar patente que la violencia contra las mujeres es también un problema DE LOS HOMBRES. Por ello, reproduzco el decálogo de Jackson Kazt titulado “cosas que los hombres podemos hacer con la violencia de los hombres contra las mujeres", a mi juicio de capital importancia:
1. Considere la violencia contra el sexo opuesto como un problema que les concierne a los hombres, y que envuelve a hombres de diferentes orígenes, socioeconómico y racial.
2. Si un hermano, amigo, compañero de clase, o compañero de equipo maltrata a su compañera o abusa a las mujeres en general, no lo ignore. No se quede callado.
3. Tenga el valor de mirar en su interior. Entienda como sus propias actitudes y sus acciones pueden perpetrar el sexismo y la violencia y haga lo posible por cambiar estas actitudes.
4. Si sospecha que una mujer a quien conoce está siendo abusada o ha sido asaltada sexualmente, de manera respetuosa pregunte si puede ayudar.
5 .Sea un aliado de las mujeres que están luchando para terminar con todo tipo de violencia.
6. Reconozca y hable en contra de la homofobia (fobia a los homosexuales) y el maltrato a homosexuales. La discriminación contra los homosexuales son incorrectas. Este abuso está directamente relacionado con el sexismo. Los hombres que hablan en contra del sexismo a menudo son objeto de abuso homo fóbico y esta es una de las razones por las que muy pocos hombres lo hacen.
7. Asista a programas, tome cursos lea artículos y libros sobre masculinidad, desigualdad entre los géneros (masculino-femenino) y la raíz del problema de la violencia contra un género en particular.
8. Si usted es emocional, psicológica o físicamente actor de abuso contra las mujeres, o lo fue en el pasado, busque ayuda profesional inmediatamente..
9. No patrocine el sexismo. Niéguese a comprar cualquier revista, alquilar cualquier video o comprar cualquier música que presente a las mujeres de manera degradante o violenta. Proteste contra el sexismo en los medios de comunicación.
10. Guíe y enseñe a los varones jóvenes sobre cómo ser hombres de manera que no incluyan el degradar o abusar de las niñas y mujeres en general. Tome la delantera al dar un buen ejemplo.

Inés Rey dijo...

Difícil y extremadamente complejo resulta hacer un análisis de la Ley Integral contra la Violencia de Género, más que nada porque no caben análisis frívolos o superficiales sobre una ley tan importante. Sobre sus repercusiones políticas se podría debatir durante horas. Y sobre las jurídicas, que son a su vez las más importantes, durante unas cuantas horas más.

Es cierto que esta ley no sólo fue un “gesto” del Gobierno de Zapatero, sino que hacía visible un problema y una lacra, la de la violencia machista y trataba de poner freno a la misma. Lacra a la que, a pesar de la existencia y entrada en vigor de la Ley, seguimos asistiendo cada día. Porque tristemente hace falta más que una ley para acabar con la violencia contra las mujeres.

La ley no es perfecta, ni mucho menos, pero es algo. Hacen falta más recursos para poner en práctica las medidas educativas, resocializadoras y de integración de las mujeres maltratadas. Por eso es una ley “integral”, porque abarca todo el problema y no sólo el aspecto penal. Y sobre éste último y aunque tal vez no sea políticamente correcto decirlo en los tiempos que corren, la deriva hacia un derecho penal de autor (esto eso, el castigo de las infracciones penales en función de la persona que las realice) es jurídica y constitucionalmente discutible. Tal vez sea necesaria para un supuesto concreto, pero eso no implica que no pueda generar dudas, o cuando menos, ciertos recelos entre aquellos que trabajamos con el Derecho cada día desde distintos ámbitos (jueces, fiscales, abogados).

La aplicación de la ley es compleja y su uso fraudulento ciertamente preocupante. La labor de información nos corresponde a los profesionales pero también a los poderes públicos. Tratamos con mujeres alienadas por la violencia, dependientes psicológicamente de su agresor, asustadas, terriblemente asustadas. Muchas de ellas se oponen a que se decreten las medidas de alejamiento, perdonan al agresor o se retractan de la denuncia interpuesta negándose a declarar contra él. Así, a pesar de haber sido decretada la medida de alejamiento, cuando ellas consideran que han cambiado las circunstancias y buscan reconciliarse con el agresor, permitiendo encuentros o acercamientos, desconocen que ellas mismas pueden ser condenas por cooperación o inducción al delito de quebrantamiento de condena del art. 468.2, resultando criminalizadas en su condición de víctimas (¡!).

Ésta y otras paradojas y absurdos jurídicos son a los que nos enfrentamos diariamente aquellos que trabajamos con la ley, asesorando y defendiendo a unos y a otras. La erradicación contra la violencia machista es una carrera de fondo. El Constitucional ha aportado su granito de arena, pero todavía nos queda mucho por hacer.