lunes, 25 de agosto de 2008

BYE, BYE PEKÍN


Se me queda “colgada” la mente entre tanto mar, reuniones de amigos y caminatas de verano –esto es el verano?- y cuando me pongo otra vez frente al ordenador Pekín es ya el pasado y, sin tiempo para reposarlo, la Liga amenaza ya el próximo sábado y las gentes de Londres se devanan los sesos pensando cómo podrán impresionar al mundo – podrán?- después del impresionante espectáculo que China preparó para estas Olimpiadas.

Los chinos echaron el resto y en el “nido” volvieron a deslumbrar con una ceremonia de clausura dinámica y tan “cinematográfica” como la que abrió los Juegos. Su potencial económico sigue siendo abrumador, el deportivo ha traspasado el límite propuesto y los derechos humanos siguen estando donde estaban, guardados en un cajón esperando mejor oportunidad.

Mientras miles de bailarines se desplazan por el suelo del estadio, las televisiones nos recuerdan las imágenes que guardaremos para siempre en nuestra cabeza y que reunen éxitos y fracasos, alegrías y tristezas, llantos de emociones variadas, gestos de rabia o de felicidad y tantas páginas de esfuerzos épicos, no todos bien recompensados. Más rápido, más alto, más lejos, más fuerte... más, más... Cada vez que entregan una medalla me pregunto si, mientras miran las banderas y escuchan el himno propio o el ajeno, recuerdan tanto esfuerzo, tanto frio pasado, tantas madrugadas dolorosas, tanto sobreponerse a las dificultades...

Los bailarines danzan, el público agita cartulinas naranjas y en la pantalla volvemos a ver la inmensa felicidad de Phelps, la sonrisa provocadora de Bolt, la dulzura en la mirada de Isinbayeba, mientras se vence a si misma una vez más.. Vemos los triunfos majestusosos de Bekele y Dibaba, mucho más que atletas para los suyos, a Nadal tirado en el suelo gritando que, ahora si, es el número uno.. y la enorme alegría de Perucho, que apenas podía creerse qeu habían ganado. Vemos a David Cal, vomitando el ácido láctico y con un pelo de tristeza en la mirada... que no David, que eres un grande!, qué más dará ser oro que plata.. haciendo las cosas como tú las haces! y a Almudena, besar el tapiz en la hora de la despedida y sonreirle al futuro...

Entran las banderas y Llaneras nos recuerda una vez más que él siempre piensa en su amigo, en su compañero Isaac, en aquel maldito dia que lo vió morir. En él pensó al ganar sus medallas, al empujar a Tauler en el “madison” cuando le dijo “nos vamos adelante!” y al decirle adiós a una inmensa carrera de esfuerzo y generosidad. Adiós como Barrufet, que se quedó con el balón en ese gran dia en que el bronce les permitió a los del balonmano, tanta crítica apresaurada y tanta incomprensión.. Pastor se guarda los malos ratos y disfruta con los suyos su último acto como seleccionador, él que nos hizo campeones del mundo y al que le pedían la cabeza al tercer dia de los Juegos... país!.

Adiós como Jimenez, que vive intensamente la nueva demostración de la “generación de oro” del basquet español... si Diaz Miguel pudiera veros estaría encantado de que “aquello” volviera a sucerder y que le hayais plantado cara, y de qué manera a Kobe and company. Grande Jimenez... y tan discreto siempre!. Será la única pérdida para esta selección?.. En cualquier caso, qué bonito es lo que han conseguido...

Atrás quedan dos semanas de alegrías y de dudas... de reivindicar a los equipos españoles como candidatos/as a todo, de desconfiar de nuestro atletismo.. qué pasó?.. de holas llenos de ilusión como Ricky, Craviotto o Leire y adioses plenos de dignidad como el de García Bragado.. Dias de luces y sombras, repentinamente amargados por un avión maldito. Dias de héroes, de pequeñas – enormes- historias de desafíos personales y de triunfos de todos los tamaños y colores.. medallas, diplomas, records, marcas, estar allí... sólo estar allí...

Pekín se queda con su lluvia torrencial y su polución, con su éxito deportivo y su potencial económico, con su entusiasmo popular y, como no, con los derechos humanos en el sitio de siempre... guardados en un cajón... Otra vez será.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bienvenida!
Es cierto que han sido unas olimpiadas espectaculares, tremendo Bolt, tremendo Bekele, tremendo Phelps, vaya tardes noches (en resúmenes) más buenas nos dieron a los que por la mañana no nos podiamos sentar delante de la televisión.

Y los nuestros geniales, la selección de basket tremenda (otro gallo cantaría si pitaran los pasos de arrancada), Nadal, el ciclismo (increible Samuel Sanchez), los judokas que no pararon de ganar medallas de chocolate...

Pero, para ponerle un pero a todo esto, no me gusta que los deportistas españoles tengan que ser muy muy héroes, y es que o eres un Nadal o un David Cal, o tu vida depende de un día, de un solo día, es en parte por la dinámica del deporte, pero también porque no hemos sido capaces de encontrar un sistema que permita que los deportistas no sean becarios y sobre todo, que no tengan que hipotecar sus 30 ó 40 años de vida post deporte. Eso es un problema para gente como Wildeboer (uno de nuestros mejores nadadores)que ademas se marcha de España para dejar de entrenarse entre niños que se tiran haciendo la bomba y aficionados al aquagym.

Un biquiño.
Ton

Matapollos dijo...

Las Olimpiadas son cada vez más espectaculares, con todas las connotaciones que acarrea este adjetivo.

El espíritu olímpico falla. Todo se centra en el quién da más, en gráficos del medallero, el gran show propagandístico, la primera persona del plural del verbo ganar, las sospechas tramposas, el poco elegante "a por ellos"...
Más circo que deporte y olimpismo.

Algo falla desde abajo, que se lo explique el que pueda a los pequeños (¡tan pequeños!) futuros gimnastas chinos cuando les obligan a sonreír y son incapaces.

Fin del espectáculo.