
Los flashes atronan y escupen sus luces frente al rostro sonriente pero tensionado de Ibarretxe. Quizás, sólo quizás, en ese preciso instante de silencio roto por los “click, click, click..” entendió que pasaría a la historia por un hecho del que no había sido consciente aún.. sería el primer Presidente del Gobierno vasco, militante del PNV, que había colocado a su Gobierno y a su partido a los pies de los terroristas de ETA.
Tal vez, sólo tal vez, este hombrecillo que habla de sí mismo en tercera persona, que contesta nervioso y alterado a cualquier pregunta que ponga en duda la validez de su “consulta”, se dió cuenta en el último momento que había traicionado, una vez más a los suyos... que había dejado en cueros al mismísimo Urkullu – el seguidor de la selección rusa- que apenas hace un mes afirmaba tajante que el supuesto referendum contendría al menos una pregunta desautorizando a ETA y que el ONV no toleraría jamás que los aupara un sólo voto de ANV...
Lamentablemente para Urkullu – el seguidor de la selección rusa- el tiempo no pudo dejarle más en evidencia.. Un solo voto, precisamente, le prestaron los filo-terroristas para poner bien de manifiesto la humillación al PNV, el sometimiento del Lehendakari, la bajeza de su traición.. Un solo voto para que no quedara lugar a duda de la deuda de los herederos de Arana, para que nadie jamás olvide que la “consulta” se aprobó porque lo quisieron los asesinos, los del tiro en la nuca y las cartas de extorsión... Lo demás, querido Ibarretxe, querido urkullu – seguidor de la selección rusa- lo demás, son como decía mi abuela “disculpas de mal pagador”... o sea, que no sabeis cómo explicarlo.
Ibarretxe, ese hombre acostumbrado a huir siempre hacia delante, sin saber dónde ni por qué, ha puesto a su gente, a sus ciudadanos, a su país, a los pies de los violentos.. Zapatero lo decía hoy en su entrevista a El País, y lo vienen afirmando comentaristas políticos de todos los signos.. Ibarretxe sólo quiere salvarse a sí mismo... Qué pena, Lehendakari, qué pena y qué cortito... ay dios!. En la película de Peckinpah había traición, locura, egoísmo y violencia.. pero, eso si, McQueen sabía de qué escapaba y por dónde estaba la “salida”. Tú, Lehendakari, ni eso...