jueves, 9 de septiembre de 2010

LA DEUDA MUNICIPAL



El anuncio de que el Gobierno modificará, en los Presupuestos Generales del Estado, el margen de endeudamiento de los ayuntamientos no ha sido sino la confirmación de un hecho esperado desde que en mayo se publicara el Decreto de la discordia – y su posterior “corrección de errores” -. Desde aquél momento, la Femp concentró sus esfuerzos en negociar con ambas Vicepresidencias – la Económica y la Territorial – una flexibilización de las condiciones del endeudamiento para el 2011 si los ingresos del Estado mejoraban de manera sustancial; ayer esta negociación obtuvo el primero de sus éxitos, que, con seguridad, no será el último.

Pero no fue esta la única novedad en lo que a financiación municipal se refiere. La reunión entre los representantes de las entidades locales y el Gobierno sirvió también para avanzar que el próximo año los ayuntamientos recibirán un 9% más de transferencias del Estado; es este un incremento neto, tras haberle deducido la parte correspondiente a la devolución del anticipo del 2008 y devuelve los ingresos estatales a lo percibido en el año 2009, tras la reducción del presente ejercicio.

Naturalmente, frente a estos anuncios Núñez Feijoo criticó la “improvisación” del Gobierno de España y anunció que él no pedirá una mayor capacidad de endeudamiento para la Comunidad Autónoma. Nada nuevo bajo el sol, si tenemos en cuenta que el actual Presidente de la Xunta considera el Plan E un error y no parece dispuesto a poner en marcha ninguna medida real y equitativa para ayudar a los concellos en su capacidad de inversión ni en la financiación de su gasto corriente y su respuesta a las reiteradas demandas de la Fegamp ha sido criticar al Gobierno central y no asumir su responsabilidad ni utilizar las competencias que le son propias para mejorar la situación de las arcas locales.

La financiación municipal se ha situado en el centro del debate político y, al parecer, la derecha está dispuesta a convertirse al municipalismo por el trámite de urgencia, intentando así encontrar una nueva vía de crítica al Gobierno Zapatero. No le va a ser fácil. Cierto que la financiación local sigue siendo una asignatura pendiente, pero no lo es menos que el actual modelo - pensado exclusivamente para momentos de bonanza económica – es el resultado de aquella negociación Montoro-Barberá y fue vendida en su día como la solución de todos los problemas para los municipios. A la vista está que no lo fue.

El Gobierno socialista asumió, durante los últimos seis años, el reto de mejorar la financiación local a través de varios mecanismos. Así, las transferencias fueron incrementándose siguiendo el modelo “procíclico” instaurado por el Gobierno Aznar, pero llegada la época de la crisis el Plan E supuso el estímulo necesario para mantener, de un lado, la capacidad inversora local y de otro la actividad económica de miles de pequeñas empresas que en caso contrario hubieran desaparecido. Basta comprobar la naturaleza de las medidas anunciadas el lunes por Obama con esos casi 40 mil millones de euros, para encontrar su parecido con un Plan E que inyectó 13 mil millones en las economías locales y que permitió realizar inversiones imposibles sin esa aportación.

En lo que a Galicia se refiere, el Pacto Local firmado por el Gobierno Touriño permitió a los Concellos enjugar una parte del déficit producido por la gestión de servicios propios y de las llamadas “competencias impropias” – usando una denominación un tanto anticuada - ; ahora, la Fegamp plantea un incremento del Fondo de Cooperación Local e incluso nuevas fórmulas de la financiación incondicionada en la misma línea de las reivindicaciones planteadas desde la Femp. Feijoo no parece estar dispuesto a atender tales peticiones y la mejora presupuestaria que desde la Consellería de Presidencia se propone para el siguiente ejercicio es absolutamente insuficiente. Por otra parte el municipalismo gallego ha vivido durante este año una situación paradójica: mientras el Presidente de la Xunta repetía a los cuatro vientos su voluntad de acordar y consensuar las medidas políticas con los responsables locales, la realidad era que ayudas, decretos y subvenciones disminuían los medios con los que podían contar los ayuntamientos y, por si fuera poco, la arbitrariedad ganaba terreno cada día. Plan de cooperación, cuadrillas contra incendios, comedores escolares, dependencia, POL, rehabilitación… allá donde se mire sólo encontraremos recortes y sectarismo en el reparto.

La intensa reducción del déficit impuesta por las circunstancias del momento a la fuerza debe modificar las previsiones municipales, pero la flexibilización de las condiciones del endeudamiento permite afrontar el próximo ejercicio desde una perspectiva diferente. Aún así no podemos obviar la tarea pendiente de reformular una financiación municipal que valga para tiempos de bonanza o de crisis y que asuma un nuevo reparto competencial tras treinta años de democracia. Los ayuntamientos han de hacer un esfuerzo por mejorar la eficacia y la eficiencia de sus servicios, por modernizar la administración y por asumir su cuota de responsabilidad fiscal y, por supuesto, el Gobierno de la Xunta no puede seguir mirando hacia otro lado, ejerciendo de hooligan partidista y pretendiendo que olvidemos que quienes se sientan en San Caetano tienen competencias, presupuestos y capacidad de impulso legislativo para ayudar a los municipios a remontar estos tiempos de crisis. Es sólo una cuestión de voluntad y compromiso político.

NAVARRO NO FUE SUFICIENTE



Todos lo veíamos venir. En realidad, desde el inicio del campeonato había un cierto tufillo a azufre en el aire que parecía indicar que cinco años gloriosos tocaban a su fin. La selección que nos enamoró con su juego, los chicos de oro que nos hicieron vibrar de nuevo con el básquet veintitantos años después de aquella bendita Olimpiada en Los Angeles, han perdido el toque mágico que parecía convertirles en invencibles; la “ñba” se desvanece.

En los previos al Mundial todo fueron buenas vibraciones. Tal vez porque el entusiasmo nos impedía detectar con nitidez que algo estaba cambiando en el sólido grupo que más éxitos ha cosechado para nuestro país. La fe en la mejor generación de baloncestistas de la historia, la inercia de un equipo adorado por su afición valía para ocultar que el juego no era el de siempre, ni el ritmo, ni la concentración, ni la intensidad… La entrega y la complicidad de los principales referentes del combinado español – Navarro, Rudy, Garbajosa, Reyes – se encargaron de ofrecernos la ilusión de que Turquía podía ser una reedición del Mundial de Japón, cuando la “ñ” saltó la banca del básquet y Gasol y compañía se auparon a la cima. Nada más lejos de la realidad.

España ya no es la de Japón, ni la de la Olimpiada, ni siquiera la del último Europeo, cuando superó una primera fase nefasta y comenzaron a sonar voces de alarma acerca del juego, el estado anímico del grupo y la empatía con el seleccionador. Los chicos de oro han dado paso a un equipo con más voluntad que criterio, con una abultada porción de su talento diluida en rotaciones imposibles que sólo frente a equipos menores – Líbano o Canadá – han dado resultado. Ayer, frente a Serbia, la heredera natural del talento yugoslavo, la Selección no encontró nunca el sitio ni el camino para acceder de nuevo a una semifinal mundialista. Desajustada en defensa, lenta en los momentos claves e inútilmente hiperactiva en muchas fases, tenaz pero sin brillo, España se vió superada no sólo por el triple final de Teodosic sino por el juego brillante y vibrante de una joven Serbia a la que, tal vez, le haya llegado de nuevo la hora del triunfo.

Navarro no fue suficiente; apesar de su acierto, a pesar de echarse el equipo a la espalda durante muchos minutos, a pesar de volver a ser el “gran capitán”. Tampoco lo fue la intensidad de Rudy, el acierto de Vázquez en defensa o que Marc se pareciera algo más a su hermano mayor en los momentos decisivos.. No fue suficiente que Ricky lograra serenarse a lo largo de la segunda mitad ni el coraje de Reyes o el liderazgo de Garbajosa.. No. No era suficiente porque hace días – tal vez semanas o meses – que la Selección perdió lo que la hizo campeona: ya no tiene “su” modelo de juego. No es tan sólo una cuestión de sentir el vacío de Pau o de acomodarse a la inesperada ausencia de Calderón; es algo más profundo – y grave – que ha ido modificando la apariencia, el juego y la capacidad de un equipo antaño demoledor y hoy enormemente vulnerable.

España tiene una grieta en su armazón por la que se han ido colando la desconfianza y la debilidad y ayer la sólida estructura se deshizo como la arena mucho antes de que el balón saliese de las manos del alero serbio. La Selección nunca fue la más alta ni la más fuerte ni siquiera la más veloz, pero su versatilidad, su intensidad defensiva y una capacidad cuasi infinita de relevos la convirtieron en la campeona más fiable del planeta. Ahora ya no es así. Scariolo convirtió un sistema de rotaciones en dos equipos de diferente talento y posibilidades que se relevan sin solución de continuidad, disminuyendo sus opciones y transformando en rigidez su flexibilidad anterior. La “ñ” ya no es una fábrica de soluciones al momento sino un combinado – dos, en realidad – incapaz de generar sorpresas.

La dirección de equipo ha sido otra de las damnificadas del nuevo sistema, si bien en este caso es cierto que la lesión de Calderón fue un inesperado contratiempo. Aún así, la escasa utilización de Llul y la evidente inseguridad de Ricky y López no son más que signos de las dudas de Scariolo, dudas que se fueron trasladando del banquillo a la cancha, de ahí a la grada y a las páginas de información deportiva convirtiendo en escepticismo el entusiasmo inicial. Lo demás era sólo cuestión de tiempo: nervios, baja concentración, debilidad defensiva y un equipo que intentó hasta el último momento rebelarse a golpe de talento contra su propio destino. Pero ya era tarde; ahí esperaba Teodosic…

miércoles, 1 de septiembre de 2010

IRAQ


Dieciocho minutos empleó Barack Obama en explicar a los ciudadanos americanos que la Guerra de Iraq tocaba a su fin y que el repliegue de tropas iniciado estos días finalizaría en unos meses con la vuelta a casa de los más de 50 mil soldados que permanecerán para “entrenar” al ejército iraquí. Los medios de comunicación americanos han criticado abiertamente este discurso, por lo visto “demasiado extenso” para explicar esta decisión, dejando entrever la dificultad que sienten en USA para asumir que la guerra destinada a terminar con Al-Qaeda no ha sido más que un fiasco mayor, si cabe, que aquél absurdo Vietnam.

Y es que basta recordar los objetivos de la invasión del 2003, la justificación de la misma y las explicaciones reiteradas por los responsables de tal decisión, para comprobar que ni uno solo de los argumentos esgrimidos han resultado ser ciertos. Ni el precio del petróleo bajó, ni el mundo es hoy más seguro, ni el terrorismo islámico ha disminuido y, por supuesto, jamás aparecieron las traídas y llevadas “armas de destrucción masiva”. Hoy, Iraq no es más que un amasijo de ruinas, físicas y sociales, incapaz de contener la sangría diaria de vidas humanas y sumergido en un enfrentamiento civil de consecuencias impredecibles. Hussein ha muerto pero el rastro de la invasión y de las bombas propias y ajenas no han permitido a los iraquíes valorar la derrota de una dictadura militar y su sustitución por un país en guerra consigo mismo.

La eliminación del Iraq de Saddan ha supuesto, eso sí, el ascenso de Irán como potencia influyente en la zona. Siete años después, Ahmadineyad es el hombre fuerte que desafía a occidente, sus periódicos llaman puta a la Primera Dama francesa sin inmutarse y sus “Guardianes” decretan lapidaciones femeninas igual que hace trescientos años. La destrucción de Iraq tampoco ha supuesto la derrota de Al-Qaeda, ni la detención de Bin Laden; hoy, Afganistán alberga en sus montañas a miles de devotos dispuestos a matar y morir, el Magreb a duras penas escapa de su influjo, los piratas acechan los mares de África y Pakistán, semisepultado entre el fango, parece dispuesto a entregarse en manos del integrismo si la cooperación internacional no actúa con rapidez. En occidente, desde Madrid a Nueva Zelanda hemos aprendido a vivir con miedo, a convertir nuestros aeropuertos en scaneres gigantes y a poner límites a la libertad en nombre de la seguridad.

Sin embargo, no a todos les ha ido tan mal. Los protagonistas de aquella “foto de las Azores” parecen haber superado con satisfacción y alegría estos siete años.. George Bush disfruta de su glorioso retiro de rancho en rancho, sin que nadie le impida ponerse botas de montar para el desayuno y colocarlas encima de la mesa cuando le dé la gana; Durao Barroso se ha convertido en Presidente de la Comisión europea, convenciendo a conservadores y progresistas de que el suyo es el mejor perfil para la difícil travesía que afronta la UE. Tony Blair aprovecha para forrarse, entre conferencias, artículos y libro de memorias – más de cinco millones de euros acaba de pagarle la editorial – en el que lo mismo desprecia a Brown que se atribuye todo tipo de éxitos y aciertos en la gestión o nos cuenta cómo desaconsejó la relación entre Al Fayed y Diana de Gales (¡!!!). Por último, Aznar disfruta provocando taquicardias al dúo Rajoy-Cospedal, ora visitando por sorpresa Melilla – bajo la severa mirada de Alonsito, que ya se ve que salió a mamá – ora enmendándole la plana al Presidente americano que al ser demócrata, joven - y negro - podría precisar de los consejos del Presidente de Faes… Ya veis.. no todo iban a ser malas noticias…

viernes, 27 de agosto de 2010

LEALTAD INSTITUCIONAL


La lealtad institucional es uno de los principios que deben regir el gobierno – el buen gobierno – de las administraciones públicas. Los acuerdos entre quienes tienen, a menudo, competencias coincidentes y dinámicas dispares, son imprescindibles para no convertir los proyectos estratégicos en objetivos inalcanzables. Así, en democracia, los responsables políticos deben esforzarse por anteponer los intereses generales a los de su formación política y asumir que quien gobierna lo hace para todos y todas, también para aquellos que no les han votado.


Desde la llegada de Feijoo al Gobierno de la Xunta se han vivido episodios chuscos que demuestran que la lealtad institucional no se encuentra entre las fortalezas de su Ejecutivo. Veinticuatro horas antes de que su nombramiento apareciera en el DOGA, el Delegado Diego Calvo se presentaba en A Coruña para explicar cuál sería la política de “realojos” de la Xunta. Lo explicaba, faltaba más, en una asociación vecinal presidida por “afines”.

Desde entonces han sido numerosas las ocasiones en que Conselleiros y cargos varios han preferido “despachar” los asuntos concernientes a la ciudad con dirigentes del PP en lugar de hacerlo con el Alcalde, confundiendo la obligación de sus cargos con el interés electoral de los populares. Cierto que la estrategia resulta inútil ante una sociedad que no tiene nada de bananera y que distingue perfectamente entre el regate corto y torpón de la política partidista y la coordinación institucional entre gobernantes elegidos democráticamente.


Ayer Agustín Hernández prefirió la foto “trapalleira” para hablar de la Tercera Ronda, de expropiaciones y de la Intermodal. La otra, la foto de verdad, la que garantizará la movilidad y el transporte en la ciudad tendrá que hacérsela, a su pesar, con quienes tienen capacidad de gestión, de planificación y de solucionar los problemas reales para los ciudadanos reales, con quienes llevan tiempo trabajando para conseguir los objetivos prioritarios de esta ciudad y su área metropolitana: el Alcalde Losada y el Ministro Blanco. Mal que le pese.

miércoles, 25 de agosto de 2010

EL FINAL DEL VERANO


A velocidad de vértigo agosto desgrana sus últimos días en medio de un calor insoportable. Llega, irremediable el final del verano y pronto, demasiado pronto, en un Telediario nos volverán a ofrecer el consabido reportaje sobre la “depresión post vacacional”, las imágenes de la vuelta al cole y los primeros goles de la Liga.. Todo empieza, de nuevo..

Un martes cualquiera el “Presidente-ausente” reaparece después de un par de semanas sin pregones, conciertos ni fiestas gastronómicas y, cómo no, nos deja una de sus perlas.. “La política contra incendios ha sido óptima”.. Puede ser.. pero dos muertos y miles de hectáreas quemadas merecerían, probablemente, algo más de rigor y algo menos de frivolidad.. Sus portavoces – los oficiales y los oficiosos –, conscientes de la “boutade”, se apresuran a insistir en la necesidad de “retirar los incendios del debate partidista”. Coincido plenamente, pero un poquito de memoria no nos vendría mal.. Este es el mismo sujeto que, vestido de Ralph Lauren y armado de manguera de jardín, ofreció uno de los espectáculos más bochornosos que se recuerdan en un líder de la oposición. Se ve que a Feijoo los incendios le inspiran…

Envalentonado por el “efecto Feijoo”, Jesús Vázquez – el Conselleiro – se anima y proclama que el cierre de unidades de Educación Infantil se hace “por criterios pedagógicos”.. Ahhhh, bueno.. si es por eso.. Estoy segura que ese mismo criterio está detrás de la barbaridad del cambio de libros de texto, del Decreto “del consenso” lingüístico, de la disminución del número de docentes, del recorte en las inversiones educativas, de la disminución en el número de rutas del transporte escolar, de la caída en el profesorado de idiomas y tras cada una de las torpezas que el equipo de Educación nos ha brindado desde que Feijoo les designó… Pero lo cierto es que todos juntos dan que pensar…

Es más que probable que jamás en un mes de agosto se haya hablado tanto de política impositiva. Las declaraciones del Ministro de Fomento levantaron la polvareda correspondiente en la derecha – la política y la otra – que al grito de “impuestos no!” están prestos a convencernos de que las políticas liberales que nos metieron en este lío “global”, son las mejores para salir de él.. No está mal darse una vueltecita por el norte. El geográfico y el político. El norte de Europa, aquél que acuñó el “Estado del bienestar” reflexiona también sobre cómo superar este momento económico, de consecuencias menos dramáticas para ellos pero que les interpela sobre cómo mantener un modelo social y económico que les ha convertido en referentes mundiales. Ante una espléndida arquitectura contemporánea, la guía nos explica: “somos conscientes de que tenemos que mantener nuestros servicios públicos y nuestros derechos y que para hacerlo tendremos que pagar más impuestos… ahora el mínimo está en un 47% pero pagaremos gustosos. No podemos perder nuestro modelo de vida”. Así de sencillo.

viernes, 13 de agosto de 2010

PRIMARIAS (Y SECUNDARIAS)



Parece que las “Primarias” madrileñas están consiguiendo el primer objetivo que se espera de este mecanismo interno, la difusión de los candidatos y del proyecto socialista entre la ciudadanía. Cierto que en agosto parece tarea fácil hacerse un hueco mediático pero probablemente hasta el 3 de octubre el PSOE y las Primarias que se celebren en las distintas Federaciones centrarán el debate político del Estado. Un procedimiento de esta naturaleza está, además, pensado para movilizar a la militancia, incrementar la participación de la misma y aprovechar esa inercia para lanzar una precampaña que este año será especialmente dura.
De nada valdrá la exposición pública del debate orgánico si luego quienes vean defraudadas sus expectativas no se sienten concernidos por el compromiso común de ganar las próximas elecciones municipales. Tanto Gómez como Trinidad Jiménez fueron bien explícitos a la hora de manifestar que la voluntad de ambos no era “vencer al otro” sino ganar las elecciones autonómicas en un Madrid que ya lleva demasiado tiempo en manos de la derecha.
Es de esperar que este espíritu se mantenga a lo largo del proceso y en todas las convocatorias que se pongan en marcha, porque lo cierto es que también hay otra manera de hacer unas “Primarias”: abriéndose en canal, destrozando la imagen de los compañeros – por tanto, del proyecto – y pasando del debate al enfrentamiento abierto para regocijo de los adversarios políticos – el PP- y de sus aliados. Porque lo más importante de las Primarias es precisamente lo que viene a continuación, las “secundarias”, o sea, ganar la contienda electoral a la derecha y ser capaces de convencer a los ciudadanos de que el proyecto de bienestar y progreso que durante años hemos llevado a cabo desde alcaldías o comunidades autónomas bien merece su confianza, una vez más.
A lo largo de estos días hemos oído y leído toda suerte de opiniones variopintas sobre este proceso. Desde quienes se empeñan en compararlo con el americano – absurdo teniendo en cuenta que las maquinarias demócratas y republicanas son sólo eso, maquinarias electorales, precisamente –, quienes confunden un Congreso con la Primarias, hasta quienes dudan de la sinceridad de la actual dirección Federal a la hora de impulsar el procedimiento. Esta última afirmación es claramente injusta si tenemos en cuenta la historia de los últimos diez años del PSOE y la actuación de la CEF en este tiempo con respecto a los procesos internos. Finalmente, no deja de resultar un discurso “chusco” el que explica el caso madrileño como un debate entre el “aparato y las bases” si tenemos en cuenta quién es quién en esta contienda.En cualquier caso, bienvenidas sean las Primarias allí donde la militancia lo requiera. Los socialistas hemos sido quienes con mayor frecuencia las utilizamos para elegir, incluso, al candidato a la Moncloa, como sucedió en el 98. Sin embargo, no olvidemos que su celebración no es el final sino el inicio de lo verdaderamente importante. De unas Primarias salieron Paco Vázquez, Morán, Bugallo o Borrell, con resultados electorales bien dispares. Lo que importa de verdad es que nuestro proyecto se renueve convenientemente, que los ciudadanos avalen la gestión de nuestros alcaldes y alcaldesas y que seamos capaces de ofrecer a la ciudadanía una propuesta realista, creíble y en la que puedan confiar. No olvidemos, pues, las “secundarias"

viernes, 6 de agosto de 2010

EL ADIÓS DE WALLANDER


Decía hace poco la gran Ana maría Matute, en una entrevista radiofónica deliciosa, que una vez sobrepasados los noventa había empezado a leer - y a disfrutar – novela negra. “Es curioso, nunca pensé que estuviese tan bien escrita; hay algunos autores realmente buenos”. Otros como Savater son verdaderos fanáticos de este género que hace tiempo dejó de ser un “dios menor” de la literatura para ganarse no ya el afecto de los lectores sino el respeto de la crítica más exigente. Desde los clásicos Poe, Chesterton, Christie, Simenon o Conan Doyle hasta los más recientes Camilleri, Grafton, Connelly o los españoles Vázquez Montalbán o Lorenzo Silva, pasando por las incursiones de autores clásicos como la magnífica “El nombre de la rosa” de Umberto Eco, la novela negra ha ido llenando nuestro particular universo literario de personajes inolvidables cuya perspicacia e intuición sólo son comparables, en la mayoría de los casos, a su tortuosa personalidad.

Porque si hay algo que parecen compartir la mayoría de los protagonistas de estos autores es un intenso dolor interior que les convierte en solitarios personajes de su propio drama; tan infelices en la resolución del crimen como en su vida cotidiana, tan melancólicos en su realidad personal como astutos en la persecución del crimen.. Sólo el tranquilote y familiar Maigret, el exquisito Poirot, la apacible Miss Marple o el bondadoso Padre Brown parecen separarse del arquetipo detectivesco que, desde hace un par de siglos, nos asombran con su inteligencia y nos abruman con su desesperación.

Desde que en 1991 apareciera la primera novela protagonizada por Kurt Wallander, “Asesinos sin rostro”, Mankell ha ido convirtiéndose en el autor más laureado y aclamado de la novela negra contemporánea. Este sueco que pasa media vida en Mozambique, dirigiendo su Teatro Nacional, casado con una hija de Bergman y defensor de causas justas – iba a bordo de la flotilla humanitaria asaltada por las tropas israelíes camino de Gaza – se convirtió en menos de veinte años en el novelista de referencia del género y su modesto inspector Wallander en uno de los personajes más familiares de la literatura actual. Ahora, dieciocho años después de su aparición pública, Wallander hace mutis por el foro igual que llegó, sin apenas hacer ruido, casi desdibujándose entre las brumas de su Escania, casi diluyéndose en la espuma del mar que le separaba de Baiba, entre los bosques que rodearon su vida y su trabajo, bajo la eterna llovizna del norte…

Kurt Wallander, de Ystad, hijo de un socialdemócrata de mal carácter que jamás le perdonó que fuera policía; padre de Linda, la más que probable continuadora de la saga, ex marido de alcohólica, obeso, diabético, solitario, intuitivo, melancólico, a veces iracundo pero siempre con un rastro de esperanza que nos dejaba entrever que es posible, aún, confiar en el ser humano. Mankell no escribió sólo novelas de intriga sino que aprovechó para acercarnos un dibujo completo de la Suecia actual, ese país al que el “Estado del Bienestar” no parece haber resuelto las incógnitas que también en “el sur” de Europa nos planteamos: el envejecimiento de la población, el debate de la seguridad ciudadana, la confianza en las instituciones, el individualismo frente a la defensa del patrimonio colectivo…

Mankell escribe novelas negras que son mucho más, que nos hablan del neofascismo, la xenofobia, la difícil integración de los países del bloque soviético en la Europa comunitaria, la autoridad frente a la libertad, el dolor de África, la enfermedad mental, el poder de los americanos.. en definitiva, construye un retrato poliédrico de la realidad sueca en el que Wallander es – era – el mejor cicerone. Kurt Wallander ha sido durante dieciocho años un tipo normal, con problemas normales, con angustias normales, con esperanzar normales, similares a las de cualquiera de nosotros.. Lejos del refinamiento de Poirot o o de la dura ironía de de Spade, Wallander es más como nuestro Bevilacqua, un tipo cuyo grado de infelicidad es más parecido al común de los mortales y cuya vida no se aleja demasiado de la vida de un sesentón de cualquier ciudad mediana europea.. Wallander, ahora, se va. Nos queda Linda o quizás alguna obra intermedia que nos llene los huecos inevitables en su comprimida existencia. Wallander se marcha pero Mankell se queda y con él, tal vez, sólo tal vez, regrese algo del viejo Kurt aescuchar sus óperas favoritas, a discutir con Martinson, a medirse la glucosa, a disfrutar de su nieta Klara.. Ahora vemos cómo el melancólico inspector se pierde entre la pesada niebla del norte, camino de un lugar recóndito, de ese donde tal vez donde se esconda el urogallo mil veces repetido en los cuadros de su padre.