
Lisboa todavía huele a vacaciones y a asfalto caliente en cada esquina, apurando las obras que la tienen medio sitiada, en este final de legislatura. Pero en los periódicos ya se percibe el aroma preelectoral y el enfrentamiento, durante estos años contenido, entre la Presidencia de la República – Cavaco, del PSD – y la Jefatura del Gobierno, ostentada por el socialista Sócrates, se hace más y más evidente, incluso en forma de “suspeitas” por “escuchas ilegales” aireadas – que no denunciadas… os suena? – por los colaboradores de Cavaco Silva.
Portugal vuelve de sus vacaciones “de crisis” mientras en cada curva aparecen ya con timidez los carteles de cada partido político llamando al voto… el humor del “Bloco da esquerda”, la irrupción de opciones que intentan aparecer como “movimientos ciudadanos”, la ortodoxia comunista o el catastrofismo del CDS-PP. El PSD, liderado por Manuela Ferreira escenifica un proceso de “participación y escucha” a la ciudadanía y traslada a su cartelería buena parte de las dudas, los temores y las inquietudes que hoy sacuden al conjunto de los portugueses – y del resto de los europeos -: el temor a la crisis económica, las dudas sobre la responsabilidad y la capacidad de los políticos o la necesidad de una autoridad fuerte e inquebrantable. La veterana política que hoy dirige la derecha portuguesa intenta aparecer como alguien de quien fiarse en momentos de desconfianza y como una gestora rigurosa, aunque francamente, en el cartel de precampaña el fotógrafo ha debido de inspirarse en el ama de llaves de “Rebeca”, o se le ha ido la mano a la hora de prefigurar la idea de “austeridad”.
Pero todo el mundo sabe en Portugal que el 27S es “el dia” de José Sócrates. Esa será la fecha en que el carismático Primer Ministro tenga que jugarse su futuro y demostrar que su liderazgo no fue flor de un dia. Sócrates se enfrentará a las urnas sabiendo que debe vencer mucho más que una contienda electoral, sabiendo que su reto es demostrar a compañeros y adversarios que la izquierda portuguesa tiene esperanza de futuro porque tiene un presente sólido. Hace apenas un año, analistas y ciudadanos apostaban sin duda por una mayoría absoluta holgada del dirigente socialista, pero el rigor de la crisis, algunos problemas internos en su Gabinete y un ataque sin cuartel que la derecha ha dirigido a la persona del Primer Ministro desde hace meses, hacen hoy dudar a más de uno que el PS pueda ganar con la mayoría suficiente para formar gobierno. Las Elecciones europeas hicieron saltar todas las alarmas.
Cómo es posible que este Gobierno, que hace apenas unos meses contaba con la confianza de la gran mayoría de los ciudadanos no sea capaz ahora de aparecer como el gran favorito?, cómo es posible que el dirigente con mayor capacidad de liderazgo de las últimas décadas en Portugal no aparezca en las encuestas como el claro vencedor?.. la crisis económica y social, la inversión de algunos valores que hasta la fecha parecían inmutables y la incomodidad de las clases medias en este nuevo contexto aparecen también aquí – como en las Europeas en todo el continente o las propias Autonómicas gallegas – como factores capaces de cambiar en apenas unas semanas la percepción de la realidad y las preferencias de los votantes. La extrema movilidad del voto urbano, y el desafecto de capas sociales que tradicionalmente apoyan a la socialdemocracia pueden jugar, también en Portugal, un papel decisivo.
Sócrates, como Zapatero, Brown o cualquier socialista se enfrenta hoy al mismo interrogante: “sigue siendo válido el proyecto socialdemócrata que impulsó el progreso europeo desde los setenta?”. Y, cuál debe ser la formulación de dicho proyecto para resultar de nuevo atractivo a la mayoría ciudadana?. La precampaña del PS se centra en el mensaje de lo hecho – “Juntos conseguimos” - y el repaso a su gestión resulta perfectamente intercambiable con la de cualquier partido socialista europeo: medicamentos gratuitos para mayores, todos los escolares estudian inglés, salario social para desempleados… y hasta el impulso a las energías renovables de las que el Ejecutivo portugués, como el español, ha hecho bandera en los últimos años. Pero es esto lo que hoy demanda y sueña la sociedad portuguesa?... Al final, la incógnita que compartimos la socialdemocracia europea es si estamos siendo capaces de interpretar con solvencia el dinamismo social y de reformular una propuesta centenaria, en términos contemporáneos.
José Sócrates Carvalho Pinto de Sousa, ingeniero, experto en salud pública, magnífico parlamentario y político sagaz, donde los haya, se enfrenta el dia 27 a su propio destino, con la dificultad que tiene hacerlo en el peor momento posible. Su convivencia con Cavaco se ha ido enturbiando con la cercanía electoral; la crisis ha golpeado con dureza a Portugal, si bien este mes de agosto le esperaban mejores datos que a la mayoría de Europa – incluida España – y el desempleo se ha convertido en un lastre de difícil gestión. La ortodoxia no le perdona fácilmente que no haya completado todas las reformas que ha puesto en marcha – administrativa, sanitaria, educación..- y no parecen dispuestos a olvidar su procedencia familiar – es hijo de un acaudalado arquitecto, miembro activo del PSD - . La derecha ha atacado su honestidad con bulos no probados en torno a su gestión como Ministro de Medio Ambiente y aborrecen a un hombre que debía haber formado parte de sus huestes, en lugar de “enamorarse” del socialismo de Guterres. La prensa no acaba de aceptar su hermetismo en lo que concierne a su vida privada y siempre le han tachado de arrogante y a la mayoría del PS le hubiera gustado una pizca menos de heterodoxia en los nombramientos y que su Secretario Geral fuera algo más dócil.
Pero más allá de todo ello, Portugal ha vivido en los últimos años un proceso de modernización imparable de la mano de José Sócrates. Las importantes inversiones en educación, el reforzamiento de la universidad y la formación profesional, su apuesta por consolidar un sistema sanitario a la altura de los tiempos y el apoyo económico a los proyectos de innovación tecnológica y a la investigación, han permitido a nuestros vecinos dar un salto cuantitativo y – si cabe mayor – cualitativo en su presencia como Estado y en su competencia como país. Si a ello sumamos el desarrollo de infraestructuras de comunicación de gran relevancia y la reforma prácticamente integral de ciudades y villas, en especial de Porto y Lisboa, tendremos a un Portugal que ha entrado de lleno en el siglo XXI, aunque persistan dificultades que han de irse superando, como también en España las hay.
Sócrates se compromete en su Programa electoral a profundizar en estas reformas modernizadoras, en transformar de manera definitiva a un país y una sociedad que traía un enorme lastre del pasado. Habla de educación, de atención social, de formación en nuevas tecnologías, de comunicaciones modernas, de igualdad de género, de nuevos derechos sociales… la pregunta es, será esto suficiente?.