jueves, 7 de octubre de 2010

EL AÑO QUE LEÍ “LA CASA VERDE”


Era 1978. Yo tenía quince años y un amigo me regaló “La casa verde” de Mario Vargas Llosa. Todavía recuerdo la sorpresa que sentí leyendo una obra que se alejaba tanto de lo que hasta entonces había conocido. Ese fue el primer libro de otros muchos con los que aprendí a amar una manera de escribir y contar la vida que haría fortuna entre público y crítica. Aquella Bonifacia, apodada “la selvática”, fue el primer personaje que me llevó de la mano a la selva peruana, donde el calor y la humedad, el dolor y la supervivencia trenzan una realidad que en nada tiene que ver con nuestra certidumbre cotidiana.

Bonifacia, el Jaguar, Ambrosio y Santiago, Mayta, la tía Julia, o Conselheiro, Mascarita, Ricardo y Lily… Con su sofisticado manejo del idioma, este erudito del castellano nos ha regalado docenas de personajes cuyas vidas se pasean por los lugares que han marcado la vida de Vargas Llosa: Lima, Arequipa, Paris, Nueva York, Brasil.. La pasión, el erotismo, la política, el dolor, la revolución. La obra del flamante Premio Nobel recorre con maestría géneros diversos que van de la novela a la crítica pasando por el ensayo y el relato corto y en todas ellas dejó una parte de su huella vital, de una manera consciente, reivindicando en cada trabajo un pedazo de su existencia. Como el autor ha dicho en varias ocasiones, escribir ha sido, también, una forma de entregar fragmentos de su propia realidad, un manera de compartirla, recrearla y volver a vivirla, envuelta en un delicioso lenguaje, que el peruano maneja con precisión única.

El frenesí político de Amércia latina le enfrentó a García Márquez y le convirtió en profeta del liberalismo. Sus incursiones en política y algún episodio para olvidar empañaron un tanto su carrera durante la década de los noventa y su progresiva derechización – entre el apoyo explícito a Aznar, el respaldo a Piñera y la participación en la fundación de UPyD – le convirtieron en blanco de críticas debidas más a su posicionamiento ideológico que a la calidad de su obra. En una ocasión, recordando su propia experiencia, el autor de “La fiesta del Chivo” afirmó que “la política saca a flote lo peor del ser humano”; en su caso es innegable. Sin embargo hoy, cuando la Academia Sueca anunció un premio que ya nadie esperaba de tantas veces que se había negado, el aplauso fue prácticamente unánime; hoy el elegido era uno de los grandes, uno de los mejores. Veinte años después del último Nobel a un autor latino – Octavio Paz – Vargas Llosa agradecía desde la sede neoyorquina del Instituto Cervantes un premio que, según él mismo, “le obligará a seguir escribiendo”. Cuando sonó el teléfono, “el escribidor” andaba entregado a su segunda gran pasión: leía .

domingo, 3 de octubre de 2010

LULA


“E eu, que durante tantas vezes fui acusado de não ter um diploma superior, ganho o meu primeiro diploma, o diploma de presidente da República do meu país.”

En enero de 2003 un emocionado Lula da Silva asumía la Presidencia de Brasil, recordando, en su discurso de investidura, una de las mayores críticas que había recibido a lo largo de su carrera política, su escasa formación académica. Efectivamente, este combativo sindicalista, había forjado su trayectoria pública en el liderazgo laboral desde un humilde puesto de obrero metalúrgico, en el que sólo obtuvo el diploma de tornero, cuando apenas contaba 18 años y llevaba seis ganándose la vida, primero como limpiabotas y más tarde en el poderoso sector del metal.

No es de extrañar, por tanto, que con esta carta de presentación el carismático Lula se encontrase con titulares escépticos en todo el mundo y con la abierta desconfianza de los sectores financieros que temían encontrar un nuevo Chávez en lugar de un continuador de las incipientes reformas introducidas por Cardoso. Pero ninguno de los negros presagios de los agoreros se cumplió. El Presidente electo se aprestó a calmar la inquietud interna y, especialmente, la exterior y desde el primer momento dejó claro que su intención no era replicar el vodevil bolivariano del Presidente venezolano, sino construir un proyecto serio y potente que permitiera a Brasil dar el salto desde el subdesarrollo al liderazgo mundial. Su enorme capacidad de consenso, fraguada en las batallas sindicales, le permitió diseñar un equipo económico en el que tuvieron sitio un ex trotskista – Palocci- como Ministro de Hacienda y un conservador, Meirelles, al frente del Banco Central; ellos fueron los encargados de iniciar el despegue brasileño mientras Lula convencía a los sectores más izquierdistas de que con una marcha menos, llegarían más lejos.

Ocho años después de aquél discurso, Lula da Silva se despide de la Presidencia convertido en el líder mundial más relevante y carismático de la década. Brasil camina con decisión hacia el progreso, sin abandonar la ingente tarea de eliminar la extrema pobreza en la que viven decenas de millones de personas; en el mandato de Lula, treinta millones han visto sustancialmente mejorada su vida y tienen ante sí una oportunidad de bienestar y progreso para ellos y sus hijos. El país ha frenado la destrucción de su inmenso potencial ambiental, ha saneado sus finanzas, ha ido reduciendo – sin eliminarlo del todo – la corrupción de la vida pública, ha asumido la educación y la atención sanitaria de su población, organizarán unos JJOO y cuando los países más desarrollados del mundo se enfrentaban a una gravísima crisis de origen financiera a Lula da Silva no le tembló la voz al señalar la desregulación de los mercados como la gran responsable ni al sentenciar: “nosotros limpiamos la casa, otros no. Ahora, los países ricos deben resolver sus problemas; los pobres no podemos pagar la política de casino que hizo Bush”.

El humilde sindicalista ganó la partida. Convertido en la figura más relevante de la política americana, el mundo entero se rindió ante su seguridad, su profundo sentido de la negociación y su capacidad de interlocución en los momentos y ante los conflictos más sensibles. En la complicada estrategia de Sudamérica, Lula ha sido el hombre cabal, en el que todos confían y al que todos acudían en momentos de crisis. Fue el interlocutor válido para Venezuela, Colombia o los propios americanos y su labor fue reconocida con el Príncipe de Asturias de la Concordia mientras los medios de comunicación más relevantes – Newsweek, Time o Financial Times le designaban como el personaje más influyente de la década.

Cuando mañana España amanezca, los brasileños habrán decidido quién continuará la obra del Presidente Lula. Casi con toda seguridad será Dilma Rousseff, su Ministra favorita, ex comunista, ex guerrillera, comparte con el Presidente su pasado revolucionario y su profunda fe en las posibilidades de progreso de Brasil, asentadas en el rigor económico y la transformación social. Dilma no comparte el magnetismo de Lula; a cambio, su paso por los calabozos y la tortura y su sólida formación como Economista le han permitido ganarse el respeto de la mayoría de un país que, en pleno proceso de desarrollo económico, se debate entre la esperanza y una cierta sensación de orfandad.. Lula, el obrero, el atractivo tornero de la oratoria encendida, el Presidente más votado de la historia de Brasil se va con su eterna sonrisa y los ojos aún húmedos por la emoción del calor de los suyos. El, que, como decían sus enemigos, no tenía títulos, que ni siquiera terminó la escuela.. que sólo era un obrero más.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Y AHORA.. QUÉ?


Consciente de la falta de originalidad del título – hay al menos tres artículos de opinión en distintos medios de comunicación–, lo soy también de que no hay incógnita mayor en el día de hoy. Y ahora, qué?. Después de las cifras y las contra-cifras, de las declaraciones altisonantes y los neumáticos atravesados en algunos polígonos, después del diálogo roto y el clamor en las calles – el de las manifestaciones y el silencioso.. - , qué hacemos ahora…?.

Las huelgas generales son, como es lógico, menos generales que en la época industrial. Los sindicatos se afanaban ayer en bloquear aquellos sectores en los que su implantación es mayor y donde su capacidad de maniobra les permite hacerse visibles. Nodos de transporte público, polígonos, factorías industriales, puertos y mercados centrales, responden aún a la llamada sindical, mientras autónomos, pequeño comercio, servicios y funcionariado se muestran más reacios a formar parte de una protesta encabezada por un movimiento sindical en el que algunos – especialmente autónomos y desempleados – se sienten menos representados.

Nada ajeno a la sociedad de servicios en la que vivimos y a un mundo en que los liderazgos sociales aparecen menos nítidos y más cuestionados. Pero en cualquier caso, porcentajes y guerra de números superadas, hoy tenemos las mismas tareas pendientes que ayer y alguna nueva incorporada tras un reposado análisis de lo sucedido el 29S. Así, los sindicatos no pueden permanecer ajenos a la necesidad de reformar su estructuras, su implantación en amplios sectores sociales y su oferta – reivindicativa y de servicios – dirigida a aquellas personas cuyos perfiles, formación o situación no se corresponden con el sindicalismo clásico: jóvenes, desempleados, autónomos, parados de larga duración. El Gobierno no puede, tampoco, mantenerse ajeno al clima social de preocupación, desafecto y desánimo; quienes ayer planteaban la movilización eran quienes deben seguir siendo sus principales aliados sociales en la defensa y al reformulación de un Estado del Bienestar que debe modificarse para sobrevivir.

Porque hoy, apagado el sonido de las consignas, debemos decidir qué hacemos, cómo seremos capaces de solucionar los retos pendientes y cuándo ser retomará un diálogo esencial para todas las partes y para el conjunto de la sociedad. Porque, los sindicatos son, seguramente, conscientes de que deben sentarse para ayudar a definir la necesaria reforma de la Seguridad Social, bastión esencial de los derechos sociales y de nuestro futuro como país. El Gobierno sabe que debe contar con los interlocutores sociales más cercanos para diseñar un modelo que no puede dejar en el camino a los más débiles y que sólo de la mano de los sindicatos puede afrontar la mayor reforma de la democracia.

Tenemos pendiente una auténtica reforma del mercado de trabajo: empleo a tiempo parcial, derechos de conciliación, planes específicos para jóvenes (no para precarizar sino para recortar su tasa de desempleo), formación continua.. pero también la extensión de los derechos sociales, el diseño de los servicios públicos esenciales, la formación profesional, el papel de la empresa privada, el papel de los autónomos en las relaciones laborales.. Tenemos el reto de preservar el Bienestar y un modelo de derechos sociales y laborales entre todos.. o dejar que otros se los lleven por delante con la disculpa de la crisis. El Gobierno debe elegir hacerlo acompañado de los agentes sociales. Los sindicatos también deben elegir; o se sientan con Zapatero, o la derecha espera, sin abrir la boca, para demoler una parte sustancial de aquello que forma el eje de nuestra sociedad: los servicios públicos, los derechos sociales y los laborales.

martes, 28 de septiembre de 2010

UNHA OPORTUNIDADE IMPRESCINDIBLE


Cando Mariano Rajoy recorría España coreando a estratexia do sector máis radical do seu partido, aquelo de “España se rompe”, as forzas políticas galegas tentaban chegar a un acordo na reforma estatutaria, percorrendo o mesmo camiño que Cataluña, Andalucía, Valencia ou mesmo Castela A Mancha – antes de que Valcárcel lle cortara o paso a Cospedal- . Tratábase, en boa lóxica, de que as normas estatutarias aprobadas vinte anos atrás, acomodaran letra e espíritu ás demandas dunha sociedade distinta, con novas inquedanzas, con novos dereitos sociais e con un desenvolvemento institucional xa moi maduro. Era, en definitiva, un intento de que o Estatuto refrendara as conquistas sociais recollidas no corpus legal que Galicia se fora dando ó longo de dúas décadas e seguir situados na vangarda do desenvolvemento autonómico.

Non foi posible. Máis perto de Génova que do Pazo do Hórreo – casi como agora .. – Núñez Feijoo enrocouse no termo “nación” do Preámbulo para evitar , por todolos medios, a firma do Presidente Touriño no Estatuto do século XXI. Naquela estratexia egoísta e irresponsable, Feijoo enterrou tamén as posibilidades de que Galicia recibira na consiguiente negociación do financiamento, o respaldo económico idóneo para o mantemento dos servizos e prestacións froito do novo reparto competencial e das características sociais e territoriais da nosa Comunidade. Galicia foi ó reparto das finanzas autonómicas nunha situación de desventaxa fronte ás CCAA que tiñan xa un Estatuto reformado e só a coxuntura de que tres membros do Goberno de España sexan galegos e o compromiso público do Presidente Zapatero no seu día para desenvolver as infraestructuras do transporte, fan posible unha situación de investimentos públicos histórica neste momento.

Pero a construcción dunha sociedade moderna non se fai fiandoa ó número de Ministros nun ou noutro Gabinete e os dereitos dos cidadáns non poden depender da vontade de gobernos máis ou menos amigos. Galicia aprobou un Estatuto de Autonomía que lle recoñece un teito competencial derivado da súa condición de “Comunidade Histórica” e non pode agora perder a oportunidade de melloralo, modernizalo e acomodalo ó que os cidadáns esperan e precisan trinta anos despois da chegada da democracia. Non tén moito sentido colocar por riba de nós unha sorte de “teito de cristal” que nos impida situarnos coas Autonomías máis desenvolvidas mentras percibimos a nosa situación como nun trompe l’oeuil : seremos “Comunidade histórica” pero hoxe xa non formamos parte daquelas que contan con normas reformadas e adaptadas á sociedade actual.

É por iso que a presentación da Proposición de Lei por parte do PSdeG chega no momento xusto. Cando o cerne do debate político se sitúa en termos económicos non podemos obviar que o autogoberno ten significado en termos políticos, máis sobre todo en termos económicos. A reforma que se propón fala de educación, sanidade, política municipal, política territorial, dependencia, xustiza, transporte.. Fala, en definitiva, de servizos públicos, do seu financiamento, dos dereitos consolidados dos cidadáns e, como non, de financiamento autonómico.

É de esperar, polo tanto, que o Núñez Feijoo que tódolos días se laia do que lle “quitan en Madrid”, esté disposto a reformar o Estatuto para evitar “eses expolios” que dí que lle – nos – fan. É de esperar que o Presidente da Xunta que non desaproveita ocasión para reclamar a Madrid “o que nos deben” – seica – esté presto a solucionar o tema a meio da reforma estatutaria. É de esperar que o PP, que hoxe mesmo levará á Cámara galega a reclamación de non sei cantas competencias ó Goberno central, teña o mesmo empeño en traballar arreo para contar, canto antes, cunha norma estatutaria que garanta todas as competencias que outros teñen.

Os socialistas galegos figuran, con nomes e apelidos, nos traballos da proposta estatutaria do 36, tristemente segada polo golpe do Xeneral Franco. Recuperada a democracia estivemos, tamén, na cita có Estatuto que ía guiar vinte anos de desenvolvemento do noso país. Agora que as Leis aprobadas ó longo destes anos, que os dereitos construidos entre todos e que a sociedade do século XXI debuxan unha nova realidade, queremos dar un paso adiante, unha vez máis. Para que Galicia non quede atrás, para que afinemos ainda máis as posibilidades de mellora dos servizos públicos, as políticas dirixidas ós cidadáns, as competencias das institucións galegas e se incremente a nosa presencia en tódolos ámbitos de decisión.
A reforma do Estatuto en sede parlamentaria – donde reside a soberanía popular – non é unha proposta cara nin “pouco austera” ; en realidade esta reforma non costa nin un céntimo de euro, sin embargo, o feito de non levala a cabo, como temos visto, ten un coste moi elevado para os galegos e as galegas. Seguramente é máis sinxelo laiarse do que outros deciden, apuntarse ás bagoas eternas como estratexia electoral ou mesmo ideolóxica, pero semella que é tempo de tomar decisións máis aló do regate corto, de priorizar e de concentrar os esforzos colectivos nas grandes tarefas. Non parece que teñamos outra máis grande, nin máis colectiva

martes, 21 de septiembre de 2010

LA SONRISA DE HIPATIA


En la soleada mañana coruñesa, la apertura oficial del curso de la UDC incorporó dos hechos que, probablemente, no debieran ser noticia en una sociedad que se dice a sí misma avanzada pero que ponen de manifiesto el camino que queda por recorrer hasta la igualdad real entre hombres y mujeres. Por un lado, tras veinte años de andadura de esta Universidad, por primera vez era una mujer quien asumía el honor y la responsabilidad de leer la lección inaugural. Lo hacía, además, desde una disciplina científica alejada de las tradicionalmente consideradas “feminizadas”; la Vicerrectora Ana Tarrío, con su “Aproximación a la geometría”, abría de manera oficial este curso académico invitándonos a atravesar y disfrutar el siempre complejo universo de los números.

En la misma sesión, la insigne matemática, María Wonenburger, era investida como Doctora Honoris Causa por la más alta institución académica de su ciudad natal, décadas después de que su vida y su carrera profesional se convirtieran en ejemplo y vanguardia para miles de mujeres en Galicia y en todo el mundo. La Profesora Wonenburger recorrió las Universidades más relevantes del mundo durante años y su curriculum, forjado desde Madrid a Yale, pasando por Buffalo o Toronto, describe la brillante trayectoria de quien ha dejado ya su huella en la historia de la ciencia matemática.

Este curso que se inicia en la UDC, el que nos sumerge de lleno en el nuevo espacio europeo, será, una vez más, un curso con las aulas llenas de mujeres que aspirarán a formarse y a alcanzar los mismos retos y objetivos profesionales y académicos que sus compañeros. Sin embargo, a pesar de la igualdad legal, del acceso equitativo a la formación superior, el hecho innegable es que el lunes fueron noticia dos mujeres matemáticas, científicas… y lo fueron por su excepcionalidad , lamentablemente no sólo en lo que concierne a su categoría en el mundo del saber sino al hecho de “ser mujeres”. Y si en el caso de la Doctora Wonenburger es comprensible, teniendo en cuenta su avanzada edad, el hecho de que se convierta en noticia que la lección inaugural de una Universidad moderna es leída por una mujer debería hacernos reflexionar acerca de las barreras – objetivas y subjetivas, visibles o invisibles – que persisten en el mundo de la ciencia y de la formación superior y dificultan todavía el acceso de las mujeres a los lugares de mayores responsabilidades académicas.

Desde instituciones como el Instituto de la Mujer y el Ministerio de Ciencia y Tecnología se mantienen herramientas que permiten evaluar y apreciar la incorporación de las mujeres a estos ámbitos, claramente aún insuficientes. En la pasada Legislatura, a iniciativa de quien hoy dirige el Instituto de la mujer, Laura Seara, se había impulsado a través de una iniciativa parlamentaria la creación de una Unidade de Muller e Ciencia, mantenida luego desde el SGI y la Consellería de Industria. Hoy que la crisis pone en cuestión inversiones que a algunos les parecen “accesorias” y que quienes tienen menos compromiso con la igualdad real aprovechan para desmantelar servicios de bienestar, es bueno tener consciencia de que algunas iniciativas son imprescindibles para que una sociedad consolide valores como los de la igualdad de género.

En la mañana del pasado lunes en la Maestranza coruñesa, el ejemplo de dos mujeres nos valió para poner el acento y el objetivo en que la ciencia y el ámbito académico han sido, durante siglos, escenarios silenciosos de una discriminación más para la mujer. De seguro, en una ceremonia protagonizada por estas dos mujeres, a través de los espléndidos ventanales del Rectorado entre la luz se coló la sonrisa satisfecha de Hipatia, aquella filósofa cuyo saber en astronomía y matemáticas le valió fama eterna y, de paso, el morir apaleada por una turba de ignorantes.

viernes, 17 de septiembre de 2010

EL 30 DE SEPTIEMBRE



“Zapatero dimisión, Zapatero dimisión!”. Mientras en el Parlamento se aprobaba la séptima reforma laboral de la democracia, en el Polideportivo de Vistalegre los sindicatos ensayan su capacidad de movilización cara al próximo 29 de septiembre. Quince mil delegados que gritan exigiendo la dimisión de Zapatero, el Presidente de la política social, el que mantuvo el diálogo durante seis años, el que más subió las pensiones en la historia de la democracia, el que impulsó la Ley de la Dependencia, el que aprobó históricas medidas de protección a la familia, a los jóvenes, a los trabajadores.. Pero es lo que tiene el desamor, que cuanto más has querido más intensa es la aflicción en el adiós – de momento un” hasta luego” - .

Mientras tanto la derecha sonríe. Sonríe y prepara la estrategia que, espera, debilite de manera definitiva a la izquierda, golpeándola también en el alma del diálogo social y desarmando la legitimidad de los representantes de los trabajadores. Basta un vistazo a los diarios más conservadores para encontrar el hilo de la madeja destinada a poner en cuestión la lucha sindical. Esperanza Aguirre anuncia que eliminará miles de delegados sindicales “para ahorrar dinero público” y su osadía es cacareada por la derecha mediática, ávida de victorias que les sanen de aquél lejano 14 de marzo. Los sindicatos no sirven, los sindicatos son inútiles, roban, mienten… y encima Toxo tuvo la osadía de hacerse un crucero… “Para qué queremos sindicalistas..?” vociferan desde las ondas conservadoras aprovechando el desánimo y el dolor de tantos trabajadores en paro… Para qué quereis a esta gentuza que vive a vuestra costa?..

Momentos para pocos matices.. cierto.. pero momentos, también, para que la socialdemocracia arrincone la brocha gorda y se faje en una batalla que no pone en juego una victoria electoral sino un modelo de sociedad iniciado en la segunda mitad del XX y capaz de generar un espacio de bienestar, progreso y ciudadanía que la convirtió en referente en todo el mundo. El debate no es únicamente – que también – si la Europa que viene fijará sus prioridades al golpe de tacón de Sarkozy o virará, aún levemente, a la izquierda. El debate real es si será capaz de mantener la esencia y el espíritu que permitieron la creación de la UE, si “aquella Europa” de trabajadores con derechos, de libertad y diversidad tiene aún esperanza. Los movimientos ultraconservadores esperan agazapados bajo el discurso simplista que crece en el abonado terreno de la crisis.. Para qué queremos a los políticos?, soluciona algo la política?, de qué valen las elecciones?, por qué debo yo mantener las pensiones de extranjeros que no tienen donde caerse muertos?..

Y en esta encrucijada, la izquierda española no debe caer en la trampa de la división. Cierto que los dirigentes sindicales – en especial la UGT, por aquello de que los desencuentros familiares siempre son más dolorosos – pueden sentirse desconcertados o incluso desilusionados por el devenir de las medidas sociales que el Gobierno de España se ha visto obligado a tomar. Pero sería injusto no comprender que el 9 de mayo, aquella infausta madrugada, todo cambió. Ya no es posible recrearse en medidas de corte social sin aligerar el déficit, y sin cumplir ajustes y plazos imprescindibles para reforzar nuestra credibilidad exterior; sin ella no habrá empresas ni trabajo posible. Cierto que podrá afirmarse que no deben ser los trabajadores los únicos que asuman el coste de la crisis, pero no podemos olvidar que la reforma del mercado laboral es una tarea que entre todos dejamos pendiente y que algunas dificultades diferenciales de nuestra economía, no tendremos más remedio que corregirlas si no queremos condenar a las siguientes generaciones a vivir la misma incertidumbre.

Por otro lado, es comprensible que algunas declaraciones o fotos de las cúpulas sindicales produzcan rechazo a militantes y dirigentes socialistas, pero mal haríamos si no entendemos que la interlocución sindical es un elemento insustituible de la sociedad democrática. No habrá izquierda posible si dejamos a los trabajadores sin representación institucional en los foros de debate y decisión. Cuando la señora Aguirre promete reducir a la mitad los delegados sindicales, lo que esconde es una estrategia de deslegitimación de la izquierda, de toda la izquierda: la política, la sindical, la social… Cuando Feijoo habla de “diálogo” lo que intenta es la treta del embaucador, aspirando a provocar una ruptura en la línea de la oposición para limitar su capacidad de penetración social. Cuando los medios más conservadores denigran el trabajo y la representatividad de los sindicalistas lo hacen para generar la desafección entre aquellos que carecen de empleo o que pasan dificultades en el suyo y que no tienen la cabeza “para matices”… Así que, en realidad, la pregunta que deberíamos hacernos desde la izquierda no es si la huelga será o no un éxito, sino cómo vamos a enfrentarnos al futuro y a la estrategia demoledora de la derecha a partir de ese día… Es importante, por tanto, el día 29, pero empieza a ser imprescindible tener un plan para el 30 de septiembre.

jueves, 16 de septiembre de 2010

VIOLENCIA


Sábado noche en los Jardines de Mendez Núñez. Una pareja se cruza con un grupo de chavalotes adolescentes, con las manos llenas de bolsas de plástico y el cerebro a remojo.. Los valientes – en grupo - mozalbetes se lían a gritos y tortazos con Iago y su novio al grito de “maricones!!!”. Por si la explicación no fuera suficiente, uno de estos macacos a medio hacer se despacha con un “con Franco esto no pasaba”.. Prueba evidente de que no tiene ni idea de quién era Franco y mucho menos de qué cosas pasaban entonces… Por si la agresión no fuera suficiente, los
Iagos no consiguieron que los agentes de la autoridad identificaran a los matones y se encontraron con que en la denuncia se relataba el suceso como una agresión “xenófoba”.. se ve que es más fácil escribir con “x” que con “h” de homófoba…

Miércoles tarde; Ponteceso. A Rosa, de 34 años, su ex pareja “no le perdona” haberle abandonado, así que en la enésima demostración del famoso “o mía o de nadie”, un tal Julio se lía a martillazos en la cabeza y allí se termina su historia.. La mató “porque era suya”, y no quería serlo; quería ser sólo una mujer libre, que toma decisiones sobre su vida.. sólo eso… una mujer libre.

Jueves de madrugada, A Estrada. Una explosión sacude el sueño de un pequeño municipio en Galicia. Los restos de cristales rodean la sede de la Agrupación Socialista, atacada al amparo de las últimas sombras. Un petardazo obra, según cuentan, de una panda de iluminados que a falta de argumentos se entretienen en cursillos de “hágalo usted mismo” y convierten en pólvora y metralla su falta de talento.

Miserables. Todos. Miserables a “medio hacer”, envueltos en la prepotencia estúpida de los quince años. Pero miserables al fin y al cabo.. llenos de miedo a sí mismos – vamos a patear a estos dos.. no sea que nosotros también seamos maricones – y a los demás. Miserables y cobardes incapaces de encajar el “no “ de una mujer, incapaces de asumir el rechazo, la independencia de ella, su propia decisión.. Miserables e ignorantes de pacotilla, empeñados en recordarnos, muy de vez en cuando, que la democracia y la libertad también son vulnerables… especialmente ante la estupidez y la miseria de algunos seres humanos (¡?¿!?¿!).