
Ha muerto Leopoldo Calvo Sotelo, el gran desconocido de la democracia, el gafe, el de la sorna, el impasible.. Ha muerto un hombre al que los españoles han aprendido a conocer y valorar con el paso del tiempo, al que todos los que ya tenemos “memoria histórica” recordamos sentado observando, sin apenas expresión en el rostro, como un puñado de militares insurrectos irrumpían en su investidura..
La brillantez de Suárez impidió que analistas y público en general, le consagraran como el gran factotum de la transición. El espléndido triunfo del PSOE en octubre del 82 anuló los 22 meses anteriores, pese a lo importantes que fueron después. Calvo-Sotelo Bustelo... a medias entre las dos Españas, quedó siempre en un segundo plano que apenas recordamos como un interim, esperando a Felipe.
Ha muerto el Presidente que aprobó, contra viento y marea, la Ley del Divorcio, el que puso en marcha el juicio militar por el 23-F, el Presidente que nombró a la primera mujer Ministra en la democracia (Soledad Becerril), el que nos metió en la OTAN, consciente como era, que sólo desde la Alianza Atlántica nos integraríamos plenamente en nuestro entorno... El que trató a Felipe González como un hombre de Estado y pidió abiertamente el voto para Aznar.
Dice la leyenda que él formó parte de los censores que recortaron aquella “tentación” envuelta en un magnífico traje escarlata.. Hoy, tan antiguo nos queda el recuerdo de la censura, como intolerable y machista el argumento de “Gilda”, del que apenas se salva el susodicho traje, “palabra de honor” dentro del que cimbreaba aquella guapísima actriz.
Hoy, España rinde honores de Jefe de Estado al primer Presidente de la democracia que fallece. En el Consejo de Ministros se sienta la primera persona nombrada Ministra y nacida ya en democracia. Moraleja: la transición ha terminado.