
Es probable que todos aquellos que han seguido con atención la carrera política de Rajoy Brey no se sorprendieran ni un ápice cuando el miércoles, en una de las comparecencias más importantes de su vida al frente del PP, Mariano se despachó con una frase que no dejaba lugar a dudas: “No voy a perder el tiempo”. La boutade respondía al ofrecimiento del Presidente del Gobierno de España de llegar a un amplio acuerdo político y social que permita acometer reformas económicas, administrativas, legales y laborales para salir de la crisis económica. Pero Rajoy, esta vez, tampoco estaba allí.
Los días anteriores a la comparecencia de Zapatero los medios de comunicación se hacían conjeturas sobre si el “líder” del PP anunciaría una moción de censura, exigiría elecciones anticipadas u ofrecería un pacto al Gobierno. Como siempre, Mariano, el Dia D.. no hizo nada, y eligió su sitio favorito para quedarse: en tierra de nadie. A medio camino entre lo que pudo haber sido y lo que debiera ser, Rajoy tiene la curiosa virtud de no aparecer el día que todos le esperan y dejar entrecortado el aliento a la “avalancha popular” que ya le veían paseando sonriente entre la colección de bonsáis… A Mariano, de vez en vez, le puede el alma de “Registrador” y le da una pereza inmensa asumir los riesgos que conlleva “querer” gobernar, y ahí se nos queda, en medio de la nada, leyendo un guión mil veces repetido que no por brillante en su letra dejar de resultar cansino y aburrido.
Rajoy no quiso pero los demás sí, y al PP le desmonta el argumentario el paso adelante dado por la derecha nacionalista. Los discursos de PNV y CiU – especialmente esta última, teniendo en cuenta la cercanía de las elecciones catalanas – obvian cualquier diferencia ideológica insalvable en un momento como este y dejan a los populares donde no querían verse: solos ante sí mismos. Si Durán y Erkoreka pueden, cómo no va a poder Rajoy, que - se supone - quiere ser el Presidente del Gobierno de España?. Cómo, cuando se habla de austeridad en la administración, no va a acudir a la cita el partido político que gobierna buena parte del gasto de las autonomías?... Zapatero ofrece un gran acuerdo nacional y la elección de los interlocutores gubernamentales dejan poca duda al respecto de la seriedad de este ofrecimiento: Blanco, Salgado y Sebastián representan en sí mismos al PSOE, al Gobierno y al entorno personal y político del Presidente; la apuesta del Gobierno es, pues, total. Frente a esto, Mariano, inmóvil, espera que la lista del paro le lleve a la Moncloa sin tener que moverse, sin, como él dice, tener que “perder el tiempo” en acuerdos, en consensos, en decisiones estratégicas para la economía española… Se equivoca otra vez Rajoy; no sabe que “su” tiempo no es suyo sino de quienes le han otorgado la confianza para liderar la oposición en España y, en todo caso, está para que lo gaste una y mil veces en buscar soluciones políticas y ayudar a un país que le necesitaría menos ingenioso y más trabajador…
Los días anteriores a la comparecencia de Zapatero los medios de comunicación se hacían conjeturas sobre si el “líder” del PP anunciaría una moción de censura, exigiría elecciones anticipadas u ofrecería un pacto al Gobierno. Como siempre, Mariano, el Dia D.. no hizo nada, y eligió su sitio favorito para quedarse: en tierra de nadie. A medio camino entre lo que pudo haber sido y lo que debiera ser, Rajoy tiene la curiosa virtud de no aparecer el día que todos le esperan y dejar entrecortado el aliento a la “avalancha popular” que ya le veían paseando sonriente entre la colección de bonsáis… A Mariano, de vez en vez, le puede el alma de “Registrador” y le da una pereza inmensa asumir los riesgos que conlleva “querer” gobernar, y ahí se nos queda, en medio de la nada, leyendo un guión mil veces repetido que no por brillante en su letra dejar de resultar cansino y aburrido.
Rajoy no quiso pero los demás sí, y al PP le desmonta el argumentario el paso adelante dado por la derecha nacionalista. Los discursos de PNV y CiU – especialmente esta última, teniendo en cuenta la cercanía de las elecciones catalanas – obvian cualquier diferencia ideológica insalvable en un momento como este y dejan a los populares donde no querían verse: solos ante sí mismos. Si Durán y Erkoreka pueden, cómo no va a poder Rajoy, que - se supone - quiere ser el Presidente del Gobierno de España?. Cómo, cuando se habla de austeridad en la administración, no va a acudir a la cita el partido político que gobierna buena parte del gasto de las autonomías?... Zapatero ofrece un gran acuerdo nacional y la elección de los interlocutores gubernamentales dejan poca duda al respecto de la seriedad de este ofrecimiento: Blanco, Salgado y Sebastián representan en sí mismos al PSOE, al Gobierno y al entorno personal y político del Presidente; la apuesta del Gobierno es, pues, total. Frente a esto, Mariano, inmóvil, espera que la lista del paro le lleve a la Moncloa sin tener que moverse, sin, como él dice, tener que “perder el tiempo” en acuerdos, en consensos, en decisiones estratégicas para la economía española… Se equivoca otra vez Rajoy; no sabe que “su” tiempo no es suyo sino de quienes le han otorgado la confianza para liderar la oposición en España y, en todo caso, está para que lo gaste una y mil veces en buscar soluciones políticas y ayudar a un país que le necesitaría menos ingenioso y más trabajador…