
Desde su llegada a Montepío, Feijoo ha convertido la Consellería de Educación en el ariete de su ofensiva contra las decisiones del anterior gobierno. Así, a la encuesta famosa – cuyo único objetivo era dar tiempo al Ejecutivo para repensar algunas de sus promesas electorales, imposibles de llevar a cabo – se unió la noticia del “reagrupamiento” de alumnado en diferentes colegios, las dudas acerca de la continuidad de distintos programas en la enseñanza pública y esta misma semana, la eliminación de la gratuidad de libros de texto en la enseñanza obligatoria, sustituyéndola por una serie de ayudas a “familias con problemas económicos” .
Como era de esperar, en un ambiente de incensario continuo en que vive durante estos primeros meses el Gobierno gallego, las loas no se han hecho esperar y al grito de “esto sí que es austero a la par que progresista”, voces y plumas se esfuerzan en elaborar alambicados argumentarios que impidan a las familias percibir la realidad: en septiembre, la mayoría de ellas tendrán que pagar la totalidad de los libros de sus hijos y muchas asumirán un porcentaje importante del coste, incluyendo aquellas parejas de “mileuristas” que tengan sólo dos hijos, dado que los 24 mil euros brutos al año que ganan exceden del tope señalado para acceder a la gratuidad.
En cualquier caso, estos días hemos escuchado y leído todo tipo de afirmaciones encaminadas a demostrar que esto sí es progresista, basada tal demostración en el sesudo razonamiento de que “el dinero público no puede usarse para pagar los libros de la hija de Amancio Ortega o de un notario”… Huelga decir que quienes esto dicen, se apresuran el resto del año a pedir a Zapatero que baje los impuestos, abarate la contratación y limite el gasto público para salir de la crisis, pero eso es otro cantar.
De cualquier manera, el enunciado sirve, en sí mismo, para poner en cuestión el sistema de educación público y, por extensión, el de cualquier otro sistema de similar naturaleza sobre los que se sustenta el Estado de Bienestar. Porque la Educación no es un servicio cualquiera, sino uno de los pilares básicos de dicho modelo y debe garantizarse un acceso similar a todos los niños y niñas, una educación de idéntica calidad y las mismas oportunidades de formación en todo el territorio, especialmente en los tramos de la educación obligatoria.
La construcción de un Sistema público de enseñanza fue un objetivo de toda la sociedad española y un camino que tardó años en recorrerse. Su creación y mantenimiento, al igual que el de la Sanidad pública, las Pensiones y el futuro Sistema Público de Dependencia, se convirtieron en el eje del bienestar de un país que tiene aún algunas deficiencias estructurales en lo que a derechos ciudadanos se refiere y que habrá de afrontar debates para la sostenibilidad futura de estos sistemas, sin siquiera haberlos completado del todo.
Los libros de texto son uno de los elementos centrales del sistema educativo, como los medicamentos en el sanitario. Su coste, sin embargo, no fue asumido por la Administración, ni siquiera una parte de ellos, excepto en las ayudas extraordinarias dirigidas a estudiantes con problemas económicos. Poco a poco fueron las CC.AA. quienes se sumaron al compromiso con la educación y fueron implementando modelos de apoyo económico al gasto en libros de texto, que desembocaron, en la mayor parte de los casos, en la gratuidad de los manuales, entendiendo la centralidad de los mismos en el sistema y, por tanto, su importancia a la hora de garantizar la igualdad de acceso a la educación, importancia real y al tiempo simbólica.
En la pasada legislatura Galicia se unió a otras muchas Comunidades al tomar una medida similar, eligiendo para ello el modelo de préstamo, tras un cierto debate con libreros y editoriales y un acuerdo final que incluía, por ejemplo, el compromiso de elevar las aportaciones a las bibliotecas escolares y públicas, para reducir el impacto negativo que la medida pudiera tener en este sector económico. Se avanzaba, así, en la consolidación de un Sistema que contaba, además, con otros servicios en cuyo coste participan también las administraciones, pero en fórmulas de copago, al considerarse estos como complementarios: comedores, transporte, actividades extraescolares, madrugadores, actividades deportivas…
El modelo de préstamo fue, además, un modelo consensuado con la comunidad educativa ya que cumplía una triple función: la sostenibilidad ambiental, al disminuir el gasto en papel; una función educativa, al enseñar a los escolares la necesidad de conservar el material en buen estado y tratar de inculcarles el aprecio por el gasto que hace la sociedad en su conjunto en su educación y hasta una función liberadora de las familias, que se enfrentan cada final de curso a la tarea imposible de guardar manuales y manuales, con la mala conciencia que se le pone a una si decide tirarlos…
Todo ello se ha ido al traste por una decisión tomada con premeditación, alevosía y cuasi nocturnidad.. Una decisión tomada premeditadamente, porque está incluída en la agenda ideológica de un partido empeñado en desmontar las inversiones en educación pública y repetir aquello del “debate casposo” en cuanto uno se descuida. Una decisión, además, tomada de espaldas a la comunidad educativa y hecha pública cuando ya las aulas estaban vacías y cuando las familias ya habíamos recibido un papelito en que nos indicaban qué días tendríamos que recoger los libros, pero con la coletilla de “desconocemos, por el momento, el modo de financiación de los textos ya que la Consellería aún no nos ha informado”… a menos información y más verano.. menos protesta y menos movilización..
Total, que los libros no serán gratuitos, pero al cambiar el modelo por uno de propiedad, pese a que las ayudas llegarán a menos familias, en cuatro años el modelo será 20 millones de euros más caro en cada ciclo, desmintiendo así el objetivo de la austeridad. Ni derechos ni ahorro en el gasto público. Sólo propaganda y algunas dosis de demagogia, a beneficio de inventario…
Así que cuando os hagan la tan consabida pregunta de “pero de verdad tenemos que pagar con dinero público los libros de la hija de Amancio Ortega?”.. decidles, sin miedo a no ser “suficientemente progresistas”, que sí. Que está bien pagarle los libros, como parte esencial de un Sistema Público de educación, lo mismo que cuando tiene una bronquitis le pagamos una parte de los antibióticos y si hay que operarla o trasplantarle un riñón lo mejor es que lo haga en el CHUAC. La gratuidad de los libros de texto, es una medida progresista, como lo es un sistema impositivo progresivo, que grave más las rentas altas. Lo otro, lo de sustituir igualdad por ayudas y caer en la tentación de hablar de rebajas de impuestos cada vez que se acerca un debate electoral es lo que no tiene nada que ver ni con la izquierda ni con el progreso.