
El pasado jueves, en la presentación de la nueva Escuela de Formación del PSdeG “Francisco Fernández” (felicidades Miguel, felicidades Chuspe!), Jesús Caldera afirmaba que en los “momentos más duros que atraviesa una sociedad, los socialistas debemos, sin complejos, dar la batalla ideológica”. Estoy de acuerdo. Cuando el país entero se plantea debates en torno al origen de la crisis económica, a su remisión, a los modelos productivos y al mantenimiento del modelo de protección social, los socialistas no debemos esquivar la confrontación ideológica, pues sólo desde la pedagogía política, sólo desde el debate sereno pero firme y desde la claridad de objetivos, seremos capaces de explicar nuestras propuestas a la ciudadanía y de ganar la batalla a la demagogia conservadora.
La crisis. Seguramente huelga hoy repetir que el origen de la crisis que vivimos estuvo en las recetas neoliberales, en las políticas económicas que amparaban el mercado sin intervención pública alguna y en la desregulación financiera que finalmente se abatió, como en un diabólico dominó, sobre la totalidad del sistema productivo.Pero ahora, muchas personas observamos con inquietud cómo aquellos que provocaron la crisis, la diagnostica sin pudor – un poco tarde, eso sí – la interpretan a su antojo y avanzan ya nuevas dosis de sus fracasadas recetas para encarar el futuro: flexibilización del mercado laboral, recorte del gasto público, bajada de impuestos..
Los impuestos. Frente a esto la socialdemocracia no puede callar ni abandonar el debate. Los socialistas, que siempre abogamos por un Estado fuerte, corrector de desiguladades y solidario, que defendimos una cierta regulación pública del sistema financiero y el mantenimiento del Estado del Bienestar, no podemos esquivar el debate, por ejemplo, acerca de la fiscalidad. La política impositiva es una herramienta flexible que anualmente permite al Gobierno tomar decisiones para poder, por ejemplo, reactivar los sectores productivos, incentivar el consumo o incrementar la protección social, según toque.
Durante los años de bonanza económica, la situación permitió una rebaja impositiva casi continuada y el mantenimiento de nuestro país en una tasa fiscal por debajo de la mayoría de los países de nuestro entorno. Cambiado el momento económico, inmerso el país en una crisis financiera y laboral, los impuestos deben ahora jugar el papel de favorecedores del consumo de la mayoría de las familias, soportar unos servicios públicos de calidad, incrementar la protección social y permitir una reactivación del mercado tan necesaria para las empresas, especialmente las pymes.
En esta línea va la propuesta que estudia el Gobierno de España y que anunció el Presidente Zapatero en su comparecencia de final de verano. Es tiempo de que la política fiscal siga consolidando el Estado del Bienestar y permita a las familias y a los trabajadores superar este grave momento. Subir los impuestos no supone paralizar la economía ni “masacrar a la clase media” – masacrar a la clase media es hacerles de nuevo asumir el coste de los libros de texto o reducir inversión en atención social - . Subir determinados impuestos servirá para mantener el sistema público de educación, la sanidad pública, la dependencia, la política de vivienda, seguir permitiendo la rehabilitación de nuestros cascos urbanos, continuar con la ejecución de las grandes infraestructuras del transporte, mantener una política ambiental rigurosa… Hay para ello recorrido en nuestra fiscalidad y hay posibilidad de reformar determinados impuestos no procedentes de las rentas del trabajo, que en estos momentos tienen holgura sobrada para ello.
La economía sostenible. Es el momento de la batalla ideológica y de la pedagogía política. Es el momento de proponer un cambio en el modelo productivo que desemboque en priorizar e impulsar los sectores vinculados al conocimiento, las energías renovables, las nuevas tecnologías, la investigación aplicada a los distintos sectores productivos, la industria vinculada a campos en desarrollo, los servicios de proximidad… Es posible e indispensable impulsar este cambio y no debemos tener dudas ante el reto que otros países europeos superaron hace años. La crisis puede convertirse en una oportunidad de fortalecimiento cara al futuro y la gravedad del momento, los cantos de sirena de algunos actores sociales y la tentación de tener siempre la respuesta acertada en 24 horas no debe impedirnos ver el bosque y ser conscientes de que este es el momento y aquí está nuestra responsabilidad. De nuestra capacidad para explicarlo con rigor, de nuestro manejo de la pedagogía política dependerá que seamos capaces de ilusionar y convencer a una ciudadanía que hoy necesita liderazgos y certezas.